ESPÍRITU DE AMOR
DULCE ESPÍRITU DEL ALMA
DON DE SABIDURÍA
DON DE ENTENDIMIENTO
DON DE TEMOR
martes, 21 de febrero de 2012
sábado, 7 de enero de 2012
CONSAGRACIÓN AL ESPÍRITU SANTO
Yo me abandono sin reservas a vuestras divinas operaciones, y quiero ser siempre dócil a vuestras santas inspiraciones.
¡Oh Santo Espíritu! Dignaos formarme con María y en María, según el modelo de vuestro amado Jesús.
Gloria al Padre Creador. Gloria al Hijo Redentor. Gloria al Espíritu Santo Santificador. Amén.
CONSAGRACIÓN DE LA “OBRA DEL ESPÍRITU SANTO”
¡Oh Amor, centro y vida de la Trinidad Espíritu Santo!, ven a mí con tus dones y con tu Amor; me consagro totalmente a Ti para que obres en mí tu “Misterio de AMOR”, el que empezaste a realizar el día de mi bautismo y que ahora quiero renovar en cada instante de mi vida.Que tu gracia acompañe siempre todas mis acciones y las transforme en ofrenda permanente para gloria del Padre y bien de todos los hombres mis hermanos. Amen.
viernes, 23 de diciembre de 2011
viernes, 2 de diciembre de 2011
LA LEY DEL AMOR DIVINO ES LA REGLA DE TODOS LOS ACTOS HUMANOS
"Es claro que no todos pueden dedicarse a la ciencia con esfuerzo y por eso Cristo ha dado una ley sencilla que todos la puedan conocer y nadie pueda excusarse por ignorancia de su cumplimiento. Esta es la ley del amor divino: Porque pronta y perfectamente cumplirá el Señor su palabra sobre la tierra (Rm 9, 28; Is 10, 23)
Esta ley debe ser la regla de todos los actos humanos. Del mismo modo que sucede en las cosas artificiales, donde una cosa se dice buena y recta cuando se adecua a la regla, de la misma manera, pues, cualquier acción del hombre se llama recta y virtuosa cuando concuerda con la regla divina del amor, mientras que cuando está en desacuerdo con ella no es ni recta, ni buena, ni perfecta.
Esta ley, la del amor divino, realiza en el hombre cuatro cosas muy deseables. En primer lugar es causa en él de la vida espiritual; es claro que ya en el orden natural el que ama está en el amado, y del mismo modo, también el que ama a Dios lo tiene al mismo dentro de sí: Quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él (1 Jn 4, 16) Es propio también naturalmente en el amor que, el que ama, se transforme en el amado; así, si amamos a Dios nos hacemos divinos: El que se une al Señor es un espíritu con él (1 Co 6, 15) Y como afirma san Agustín: «Como el alma es la vida del cuerpo, así Dios es la vida del alma.» Paralelamente el alma obrará virtuosamente y perfectamente sólo cuando actúe por la caridad, mediante la cual Dios habita en ella; en cambio, sin caridad, no podrá actuar: El que no ama permanece en la muerte. (1 Jn 3, 14) Si alguien tuviera todos los dones del Espíritu Santo, pero sin la caridad, no tiene la vida. Sea el don de lenguas, sea la gracia de la fe, o cualquier otro, como el don de profecía, si no hay caridad, no dan la vida. (1 Co 3) Aunque al cuerpo muerto se lo revista de oro y piedras preciosas, no obstante siempre estará muerto. En segundo lugar, es causa del cumplimiento de los mandamientos divinos. Dice san Gregorio que la caridad no es ociosa: si se da, actuará cosas grandes; pero si no se actúa es que no hay allí caridad. Comprobamos cómo el que ama es capaz de hacer cosas grandes y difíciles por el amado, por ello dice el señor: El que me ama guardará mi palabra. (Jn 4, 23) El que guarda el mandamiento y ley del amor divino, cumple toda la ley.
Lo que hace la caridad en tercer lugar es ser una defensa en la adversidad. Al que posee la caridad ninguna cosa adversa lo dañará, es más, se convertirá en utilidad: A los que aman a Dios todo les sirve para el bien (Rm 8, 28); aún más, incluso al que ama le parecen suaves las cosas adversas y difíciles, como entre nosotros mismos vemos tan manifiestamente. En cuarto lugar la caridad lleva a la felicidad; únicamente a los que tienen caridad se les promete efectivamente la bienaventuranza. Todas las demás cosas, si no van acompañadas de la caridad, son insuficientes. Además es de saber que la diferencia de bienaventuranza se deberá únicamente a la diferencia le caridad y no en comparación con otras virtudes."
De los Opúsculos teológicos de santo Tomás de Aquino, presbítero (In duo praecenta... Ed. J.P. Torrel, en Revue des Sc. Phil. et Théol. 69 [1985] pp. 26-29)
Oración:
¡Oh Padre!, que en la encarnación de tu Hijo nos has abierto los tesoros de tu corazón, haz que nuestra vida sea un canto de alabanza a Ti, permaneciendo siempre en tu amor y en el ejercicio de la caridad hacia los hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que es Dios y vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo, por todos los siglos de los siglos. Amén.
Preparado por la Pontificia Universidad Urbaniana,
con la colaboración de los Institutos Misioneros
sábado, 5 de noviembre de 2011
domingo, 2 de octubre de 2011
INVOCACIÓN AL ESPIRÍTU SANTO

Yo vengo Señor,
lleno de preocupaciones:
Por las cosas que he de hacer,
por los sentimientos y pensamientos que me distraen.
Así, como estoy, te pido la presencia de tu Espíritu,
para que abra mi mente,
para que vacíe mi corazón
de todo lo que me impide” estar contigo”
con todo mi ser.
Ilumíname,
que seas mi luz,
que tu PALABRA sea mi alimento en el camino,
que tu presencia sea mi consuelo,
para que mi ser y mi hacer reflejen tu Rostro,
esté donde esté,
sea lo que sea,
todo para tu gloria
y para el bien de los hombres y mujeres de nuestro mundo.
Amén.
jueves, 29 de septiembre de 2011
ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO DICTADA POR JESUCRISTO A SU HIJA AMADA LUZ DE MARÍA

Espíritu Santo, Amor del Padre y del Hijo, ven, colma esta criatura Tuya de Tus dones. Esplendor Divino, Fuego Sagrado, Manantial Cristalino de limpia fraternidad. Vida de los cristianos, cayado de los desvalidos, luz en las tinieblas, calor en el frío, levanta mi ser dormitante, eleva mi alma hacia Ti.
Ven Espíritu Santo, dame Tu Sabiduría para actuar rectamente.
Dame inteligencia santa, para atraer a mis hermanos, no me sienta superior a mis semejantes, sino sea el más pequeño para que surjas Tú con poder.
Ven, toma mi mente y renuévala; sea yo un eco de Tu voz y aconseje en la Voluntad Divina, no en la mía. Dame las fuerzas para no tambalear y resistir mirándote; embelesado por Tu fortaleza, sea yo un fiel apóstol.
De Tu ciencia oh Divino Espíritu, sea yo reflejo, busque yo Tu gloria, aleja de mí lo mundano. Penetra lo íntimo de mi corazón e injerta en él Tu misma piedad para amar con Tu mismo amor. Realiza en mi ser el milagro del temor de Dios; dame sed de almas, para que sin mirar a quién, labore para el Reino.
Oh Espíritu Santo, infunde en mí el don del verdadero amor. Gracias Santo Espíritu Divino, vive en mí a plenitud, que consciente de mi necesidad con plena libertad te llamo a tomar posesión de mi vida.
Gracias oh Bondad Divina, Soberano Misericordioso, Fuego Sagrado.
Amén.


